Bambú Vivo nació de una idea sencilla y algo incómoda: un recipiente que acompaña durante años no debería convertirse en un residuo eterno. Por eso trabajamos con bambú prensado y bioplásticos de origen vegetal, componentes que se separan con la mano y acabados mate color arena que envejecen sin perder carácter.
La coherencia no está en decirlo, sino en elegir el material correcto antes de fabricar la primera pieza.
El proyecto empezó con una pregunta incómoda: si cada persona activa gasta cientos de envases al año, ¿por qué seguimos bebiendo de algo que sobrevive siglos en un vertedero? La primera prueba fue sencilla, una botella de bambú prensado con depósito interior de bioplástico PLA, pensada para durar y no para acumularse.
Los primeros cuerpos se torneaban a mano y se sellaban con una capa fina de PLA. El objetivo no era la estética, sino comprobar si la fibra vegetal aguantaba el uso diario sin agrietarse ni filtrar sabor a la bebida.
La rosca original perdía estanqueidad con el frío. Se rediseñó con una junta de silicona desmontable y una tapa de fibra de trigo, dos piezas que se separan para limpiar y que se compostan por vías distintas al final de su vida útil.
Se abandonó el barniz brillante porque retenía huellas y olores. El lijado fino dejó una textura mate que agarra bien con las manos sudadas y envejece sin descascarillarse, incluso después de meses de uso continuado.
Cada botella se monta con cuatro piezas que se desmontan sin herramientas. Esto facilita el recambio de la junta cuando se desgasta y permite enviar solo la pieza dañada en lugar de todo el recipiente.
El depósito de PLA se ensayó en condiciones industriales de compostaje y se degradó en pocos meses. No es una solución mágica, pero sí un paso medible lejos del plástico derivado del petróleo.
Lo que queda hoy es una línea pequeña de botellas reutilizables, un taller que sigue ajustando detalles y una idea que no ha cambiado desde el primer prototipo: que el objeto dure, se repare y vuelva a la tierra cuando ya no sirva.
Fabricamos recipientes reutilizables con bambú prensado y bioplásticos de origen vegetal, pensados para quienes llevan agua al cerro, al carril de bicicleta o a la rutina en el living y no quieren dejar envases de un solo uso en el camino.
Trabajamos con dos materiales concretos: fibra de bambú molida y un bioplástico vegetal que actúa como depósito interior estanco. Esa combinación da un cuerpo ligero, con textura mate color arena, que no transmite sabor al agua ni se calienta de más al sol. La tapa se desmonta por completo y la junta de silicona se reemplaza, así que la botella no se convierte en basura cuando una pieza se desgasta.
El criterio zero waste no queda en la etiqueta. Cada componente se separa para limpiarlo o sustituirlo, y al final de la vida útil el conjunto se degrada en condiciones industriales de compostaje. No prometemos milagros ni resultados corporales: describimos lo que el material hace y lo que exige a cambio.
Personas activas que caminan, pedalean o entrenan al aire libre y prefieren objetos duraderos y de estética natural antes que descartables.
Con tono sereno y técnico: explicamos el PLA, el bambú prensado y los cuidados de lavado sin exagerar ni comparar de forma despectiva.
El lenguaje de gimnasio, la presión comercial y cualquier promesa absoluta sobre el planeta o sobre el cuerpo de quien usa la botella.