Las botellas de bambú no salen de una sola mesa. Detrás hay talleres de prensado, proveedores de bioplástico PLA, laboratorios que verifican la compostabilidad y espacios que prueban el producto en su día a día. Estas son las colaboraciones que sostienen el proyecto.
Taller de prensado de fibra vegetal
Un obrador pequeño en Misiones que trabaja la fibra de bambú en prensas de baja temperatura. De ahí salen los cuerpos con acabado mate color arena y los espesores que después ajustamos según el uso real.
Proveedor de bioplástico PLA de origen vegetal
Nos entrega el ácido poliláctico que recubre el interior de cada botella. Es la pieza que evita que la bebida toque la fibra y la que permite que el envase se degrade en condiciones industriales de compostaje.
Laboratorio de ensayos de compostabilidad
Verifica tiempos de degradación, temperatura y humedad controladas sobre muestras de cada lote. Sin ese informe no damos por cerrado un modelo, aunque la forma y el tacto ya estén resueltos.
Refugios de montaña y rutas de senderismo
Puntos donde el recipiente se usa a diario: agua fría en trayectos largos, golpes en la mochila, sol directo durante horas. Sus devoluciones sobre tapas y roscas son las que más han cambiado el diseño final.
Cooperativa de estuchería en tela de algodón
Cose los estuches donde viajan las botellas y los cubiertos reutilizables. Tela cruda, costura reforzada y lavable con el resto de la ropa, sin añadir plásticos al conjunto.